Los Muiscas y su Mitología |

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La interpretación de la historia de los pueblos indígenas que habitaron a América, depende de los intereses de quienes relataron los sucesos. El encuentro con el “Nuevo Paraíso” descontroló a los invasores. Se repitió la historia, de Caín y su hermano Abel. Entre el labrador y el pastor de ovejas!
Culturas, creencias, usos y costumbres, sufrieron el choque. Guerras, saqueos, exterminios! ¿Justifican los títulos de “bárbaros y salvajes nativos”? América se regó de sangre, y los soberanos del “mundo culto” enriquecieron sus arcas, sus dominios y poblaron el nuevo Jardín del Edén.
Llegaban los desplazados, traían consigo la ambición desmedida del ser humano, conflictos, rapiñas, saqueos, fueron su huella, introducción que poco a poco, transformaron en trueques beneficiosos para el nuevo Continente de América.
Dios se compadeció de sus criaturas, por sus frutos los conoceréis, se cumplió el “trueque”, se multiplicaron los productos del trópico y se enriqueciendo las bodegas del Mundo. América acogió y recibió a los nuevos hijos. Con beneficios en idiomas, razas y productos de más naciones y pueblos. ¡No hay mal que por bien no venga!
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“LA CIVILIZACIÓN CHIBCHA” por Miguel Triana - Libro 1922
Textos extraídos de los Cronistas
“Las lagunas eran los principales santuarios de los Muiscas, que hablaban chibcha, eran la residencia de una sublime divinidad que veían en ellos una providencia llena de encantos y misterios. Allí rendían los más ricos y cariñosos tributos, al son de alegres músicas y en el frenesí de sus danzas, pececillos de oro, finas esmeraldas, tunjos y dijes eran arrojadas en sus orillas”. Sus adoraciones eran;
Bachué o Furachogua, mujer buena y madre de los hombres, patrona queridísima de los humildes y de los infortunados, que salió de la laguna, y era tan prolífica y fecunda que en cada parto paría 4 o 6 hijos.
Cuchaviva, el arco iris, quien les prometía el perdón de las lluvias, y la enhorabuena de las madres, todos hijos del agua viva.
Bochica, su protector y organizador social, dictaba leyes y modos de vivir, con un vara de oro en la mano, para realizar prodigios, patrono Universal de los Muiscas, conocido también con los nombres de Nemqueteba o Sadigua, se representaba por medio de un anciano de cabellera blanca y luengas barbas, que lleva un bordón de macana en la mano y adornos de una cruz. Bochica el dios civilizador, les enseñó a hilar, a tejer mantas, pintar telas, y elaborar cerámicas.
Decían que era el gran predicador enviado por el dios creador Chiminigagua, y se estableció en Sogamoso, en la ciudad sagrada de los Chibchas, y desapareció en el pueblo de Iza, en donde dejó estampada la huella de su pie.
Chimchacun, dios de las tormentas y terremotos, que por haberles inundado las sementeras, fue condenado por Bochica a cargar la tierra sobre sus hombros.
Chimini, dios que existió antes de Chiminigagua.
Chiminigagua, dios creador y la causa primera, en el estaba encerrada la luz, la difundió en el universo por medio de una aves negras que echaban por el pico un aire lúcido y resplandeciente, con lo que quedó el mundo claro e iluminado.
Chimizapagua, el enviado de dios, o Nemqueteba.
Xue, predicaba la moral y enseñaba artes.
Chie, La Luna, representaba la honra, el brillo de la buena fama, como contaron el tiempo por las fases de la Luna, al mes, período lunar lo llamaban Chie, indicaba las siembras y el tiempo.
Garanchacha, el ‘’varón de las caras” fundador de la dinastía divina de los Zaques, y
estableció su sede en Ramiriquí y luego a Tunja…(Noticias Historiales- Fray P Simón
Huitaca, poseída del espíritu del mal, convertida en lechuza.
Sie o Sia, dios del agua, le encomendaban sus hijos recién nacidos, por medio de un flotador empapado en leche materna, que ellos cuidaban. Si naufragaba, consideraban que había de ser desgraciado, pero si todo salía bien, juzgaban que tendría gran ventura y contentos se hacían fiestas por el suceso.
Sia protegía a toda la tribu. A pesar del frío, los Muiscas utilizaban los baños como recurso terapéutico y como ritual religioso, que siempre estaba presente, para celebraban la pubertad de las jóvenes en su Vida de mujer, al dar a luz la madre se bañaba con el recién nacido, en la consagración de los Jeques o sacerdotes, para que los dioses les fueran propicios, en la muerte de Caciques, desviaban el cause del río, para hacer allí las sepulturas, volviendo después a cubrirlas con agua, porque para la vida de los Muiscas desde la cuna a la sepultura, lo consagraban a la Buena Sia.
Nombre que también utilizaron para nombrar muchas poblaciones, Siachoque el trabajo del agua, Siatá la labranza del agua, Suasia el agua del sol…
“Los españoles al coronar los altos filos de la cordillera , que soporta la mesa andina, tuvieron la sorpresa de encontrarse con una nación de hombrecitos vestidos organizados socialmente, astutos e industriosos, los Muiscas que hablaban Chibcha, quienes se les habían anticipado muchos siglos en el señorío de aquel emporio. Encontraron más de 2 millones de habitantes en el fecundo y hermoso país. Según cómputos del conquistador, en pintoresca dispersión rural, contaron 18 pueblos aposentados en la cuenca del antiguo lago de Bogotá, era el imperio de los Muiscas, y el dominio del Zipa o el gran Cacique de Bacatá.
El Cacique distribuía las tierras, según la ley de Bochica, en proporción a las necesidades de cada cual. Las regiones cultivables se extendían como tableros de ajedrez, rodeados de madreselva florida, con setos de curubos y enredaderas. Con casas cónicas y arboledas de alisos, sauces arbolocos y cerezos, tan densamente poblados y pintorescas, que elevaban al cielo el humo del hogar.
El conquistador decía, que semejaban un “Valle de Alcázares”.
Desde el cerrito de Suba, los senderos entrelazaban entre si a todos esos pueblecillos, bajo el bosque perfumado. Tenían su enlace por la vía acuática a través de lagunas y a lo largo del manso río, hasta lanzarse a la catarata.
Los muiscas hacían sus balsas formada de juncos e impulsado por la vela, o por el golpe de remos, corrían cargadas con los frutos de las innumerables labranzas de la vega, y para recibir los cargamentos de algodón o donde cambiaban los frutos por la sal y las mantas.
Eran también los cultivadores del arte de oro para que fructificara y resplandeciera para siempre, ofrendándole a su dios sol, los productos de su sudor, y los de sus sementeras, con los frutos de su fértil tierra. El oro era estimado como chispas del Sol a la Tierra, su valor provenía al convertirlo en adorno y realce personal o en decoraciones de las viviendas y la mejor forma de ofrendarlo a los dioses, a los príncipes o como riqueza que acompañara a sus difuntos.
El trabajo del oro era el arte mayor de la época precolombina, culturas de calimas, quimbayas, taironas, tolimas, sinúes, darienes y los muiscas, según cada región desarrollaron diferentes estilos de trabajar metales, cerámicas y tejidos.

En el periodo anterior a la presencia europea, hacían objetos con metales preciosos, la técnica más llamativa es la del dorado. Todas sus ofrendas en oro o en tumbaga, eran aleaciones de oro y cobre, que se daba forma a las piezas mediante martilleo, laminado, modelado y empleando la técnica de la cera perdida. La aleación de tumbaga, hacía aflorar el oro mediante un ácido de procedencia vegetal, con un resultado espectacular, el de una pieza de oro puro, utilizándolo para uso religioso, ceremonial, adornos y en sus ofrendas.
“Las esmeraldas, “guacatas” en idioma chibcha, era el símbolo de la Suprema Autoridad Religiosa y moral de los Muiscas. Así como este bello talismán era puro transparente y resplandeciente, así mismo debía ser el alma y la vida de los sacerdotes. La disciplina de pacientes labores debió desarrollar en ellos, la ecuanimidad en el genio, la dulzura de carácter y el metodismo en las costumbres.
Diferentes piezas y símbolos iconográficos de la orfebrería precolombina, como el del arte de los Quimbayas son tesoros que se hayan en España, en Museos, y en colecciones privadas, como los que se exhiben en el Museo de Oro en Bogotá.
La mayoría son imágenes de personajes mitológicos, en adornos para la cabeza, coronas, diademas, tiaras, penachos, horquillas, turbantes, cascos para la cabeza pendientes, aros nasales o para los labios, gargantillas, collares, colgantes, broches pectorales y botones, para brazos y piernas, anillos, brazaletes, pulseras. Otros servían para adorno personal, como tobilleras, cinturones con tunjos o dijes.
Joyas bellas y antiguas encontrados en tumbas, ya que muchas de ellas, fueron fundidas, por los conquistadores para los soberanos españoles, que las exigían por su conquista. Montañas de figuras fundidas, enviadas en lingotes de oro para los reyes de España. La medida: la altura de la talla del conquistador. ( ver cronistas)
“La religión fue primordial en el desarrollo de la cultura precolombina, las creencias, ritos religiosos y ceremonias, estaban condicionados con la fertilidad de la tierra, la cosecha, los cultivos, tejidos, y sus costumbres hogareñas”.
“La industria de los tejidos de algodón, fue la más popular y generalizada que la llevaron a su mayor perfección. Los diferentes tintes indelebles, que la flora tropical ofrece, los empleaban con primor para el adorno en el tejido de las telas y el decorado de las mantas, las que tenían como objeto de obsequio, de tributo de ofrenda y de trueque”. (Intercambio comercial para alimentos y necesidades)
La civilización precolombina era principalmente agrícola, con el cuidado y siembras de las variedades de maíz, mute, mazorcas, para sus sopas y mazamorras. O las de papa, como sabanera, tocana, pastusa, tocarreña, criolla, y batata. Las hortalizas calabaza, fríjol, alverja, yuca, arracacha, habas, tallos, acelgas, espinacas, cebollas, habichuelas, nabos, ahuyamas, rubas, chiguas, eran sus alimentos principales.
Además del cuidado en el cultivo de frutos tropicales, banano, mango, guayabas, uchuvas, lulo, higos, guanábanas, naranja, guama, mandarina, chirimoya, anones, pomarosas, granadilla, chúcula, cacao, chontaduro, zapote, cachipay, papayuela, madroño, aguacate, icaco, gulupa, mamey, borojó, carambolo, que hacían las delicias de los niños Muiscas.
(Corima no nació en esta raza, pero pregunta: el pueblo Muisca que hablaba Chibcha, según tales relatos, ¿Era tan salvajes como lo enseñaron? ¿Ó calumnias y justificaciones en robos y excesos cometidos? ¿Son superiores las flechas, a las armas de fuego?)
¡Invitación; una oración de las culturas desconocidas, casi extinguidas por el hombre!
- Ver la “Fábula de Cundinamarca” y del Quindío, en www.corimaencolombia.com -
Y en CHIA LA CIUDAD DE LA LUNA…cuenta el Doctor Miguel Triana…
“Tenían en Chia una especie de seminarios llamados “Cuca” donde entraban muy niños los que se dedicaban al ministerio Sacerdotal y eran sometidos por 10 y 12 años a una dieta rigurosa, durante este tiempo se les enseñaban las ceremonias, el cómputo del tiempo, cuya tradición se conservaba entre Jeques o sacerdotes que eran los depositarios del saber abstracto de Los Chibchas.
El heredero del Zipa, el hijo mayor de la hermana el príncipe, entraba a la edad de 16 años y se le instruía por algunos años, sometido a una tentadora prueba de castidad, y si salía vencido en ella se declaraba indigno del trono, no obstante los derechos hereditarios. Cumplida la mayoría de edad si recibía la investidura de mano del Zipa, era consagrado y desempeñaba las funciones de Usaque de Chia y como generalísimo de los ejércitos, hasta la muerte del Zipa.
El manto el príncipe y las túnicas de los sacerdotes debían exhibir siempre la albura de la inocencia, de color blanco”.
El seminario estaba cubierto con láminas de plata, que brillaban a la luz de la Luna con pálido resplandor que dentro de su cúpula pendía una lámpara fulgente del mismo metal, en que se mantenía perpetuamente el fuego sagrado. Los tapices y cortinajes eran también de filigranas de plata, y el altar donde se sacrificaban sólo animales blancos, estaba sustentado por columnas de ricas maderas arrepujados y forradas en plata. Tal era el Santuario consagrado por ellos a la castidad del Astro de la noche”.
“La presentación de las ofrendas se hacía por mano de los Jeques o sacerdotes, mediante ciertas ceremonia rituales. Consistía en figurillas de oro batido o simplemente fundido, en forma de animales inferiores como la rana, lagartos etc, a los cuales dispensaban supersticiosa fé, para encomendar su buena suerte y para confiar a su influencia la ventura de sus empresas. Como sacrificio a las grandes divinidades, se desprendían de sus fetiches y los depositaban en sus templos y lagunas, por vía de ofrendas, llamaban “chunzos” y tunjos a las figurillas de oro”.
Los nobles y los monarcas llevaban mantos riquísimos, adornados con dibujos hechos a pincel. Los mantos reales, las coronas y cetros del Príncipe, exhibían un juego deslumbrador de filigranas y pedrerías. Los sitiales de los Soberanos estaban enchapados en oro, así como las andas o literas, en que se hacían conducir. La afición a las joyas y adornos de oro, así como la necesidad piadosa de las ofrendas, formaban como la clave del comercio.
La platería y los tejidos formaban su fuerte industrial. En las fiestas de orden privado y en las de orden oficial, los Chibchas se presentaban engalanados con guirlandas, zarcillos, gargantillas y brazaletes de resplandeciente oro fino y rutilantes esmeraldas. Los soberanos acumulaban inmensos tesoros por causa de tributos y desplegaban un lujo soberbio en adornos de oro y esmeraldas”.
El cacique de Chia tenía para sus baños solemnes del cerro en la fuente de Tíquiza, canción de noche – y en las fuentes termales de Tabio, a la que se trasladaba con gran pompa con toda su corte en procesión para ungirse en sus aguas, cuya juventud vigilaban los sacerdotes, como si se tratara de la pureza de una doncella sagrada. Tres modos había de ofrendar en los santuarios de los campos, en los templos, las lagunas, arroyos, peñas y cerros.
El sol debió ser una divinidad meramente contemplativa y placentera, un dios de consuelos, siempre festivo y risueño, que contaba los días en un calendario uniforme y monótono, velada su faz, por la diosa agua, única fecundadora de la tierra que caía del cielo para alimentar a sus hijos y la astronomía de la altiplanicie tropical, donde el sol apenas cambia de posición, estaban consagrados a mirar la Luna y buscar en sus aspectos la promesa de las cosechas. El año solar constaba de 13 lunaciones, según los 13 rayos con que adornaban el sol en sus pinturas”.
“No había casa indígena donde no hubiera un telar en permanente función. La santa ley del trabajo era para el pueblo que hablaba Chibcha la bendición de Dios”.
Biblio: Fray Pedro Simón - Noticias Historiales, - original 1627 España - 1882 Colombia - Ezequiel Uricoechea – 1854 en la Enciclopedia de Colombia
Miguel Triana – 1921 - Joaquín Acosta Ortegón 1938
Cortesía de Corima Lumen






